Las situaciones que hemos conocido en estos años y las formas de colaboración fructíferos y positivos, que hemos compartido, nos muestran, que era posible apoyar antes a estos padres y familias. Que se trata de situaciones  que se han sufrido desde hace muchos años. Son familias, que por lo general, nos hablan de años de preocupaciones, exclusión y soledad. No poder compartir lo que viven, por lo doloroso que es y normalmente nos hacemos parte de procesos emocionales y familiares antiguos.

Así también, hemos conocido mujeres que por diferentes razones, espacialmente relacionado con roles y obligaciones de la vida cotidiana, sufren por las dificultades que tienen para responder a las obligaciones diarias y lo duro que les resulta tener estar tareas al día, por decirlo de algún modo. Luego de años de programas de apoyo, la autonomía y el acompañamiento de diferentes dificultades de la vida diaria, indica la relevancia de visibilizar y atender a las condicionantes sociales en la salud mental de las personas. Nos hemos orientando especialmente en las niñas y niños que viven en familias con vulnerabilidad psicosocial.

Conocer y entregar los apoyos emocionales a niñas y niños presentes en ese territorio, estrechando nuestras relaciones de trabajo podemos prevenir y apoyar las mejores condiciones y el ambiente en que viven y crecen nuestros niñes.

El programa SAD, espera compartir y atender situaciones que por su complejidad involucran a varios miembros de la familia, especialmente madres e hijos, en relaciones de dependencia e indiferenciación.